“Las Mamas Luchonas”, Una Reflexión entre Discriminación, Libertad de Desarrollo Personal y el Deber Legal de Cuidado. (2023)

ÁNGEL JAVIER CASAS RAMOS
Licenciado en Derecho. Maestro en derecho procesal laboral. Abogado en Comisión Federal de
Electricidad, Instituto Mexicano del Seguro Social y consorcios farmacéuticos. Catedrático de las
Universidades de Xalapa, Hernán Cortés, Eurohispanoamericana e Instituto de Estudios Superiores.

ÁNGEL JAVIER CASAS RAMOS/JURISTA.-Antes que nada, se ofrece una disculpa por las molestias que estas líneas puedan causar, consciente de que en las ciencias sociales no existen verdades absolutas, el presente artículo no refleja otra cosa sino la opinión muy particular del suscrito. A pesar de ello se tratará en la medida de lo posible expresar solo una postura desde una óptica legal, tratando de evitar juicios o prejuicios morales.

Desde hace algunos años, imágenes satíricas, se mofan de fenómenos sociales y sucesos de la vida contemporánea, estos, se difunden con tal rapidez por medios informáticos en las redes sociales que es sumamente difícil detenerlos o determinar su origen. Así los llamados “memes” con o sin esa finalidad nos roban una que otra carcajada reflejando un aspecto muy propio de nuestra idiosincrasia, “que el mexicano se puede reír hasta de sus propias desgracias.” Unos de estos memes hacían referencias a madres que dejaban a sus hijos por buscar diversión. Surgió así la denominación de las “mamas luchonas” y si hacemos a un lado la hipocresía estoy seguro que el lector no solo seguramente conoce o ha sabido de alguna persona así, sino que además consiente o inconscientemente le ha colocado dicha etiqueta.

Las etiquetas sin duda alguna constituyen una forma de discriminación, la cual se encuentra prohibida por el artículo primero de nuestra Constitución Política y otras leyes secundarias, y aun cuando esta discriminación podría decirse que no se encamina a la “mujeres” por el hecho de ser mujeres ni a las “madres” por el solo hecho de ser madres, no deberíamos discriminar en forma alguna; pese a ello, pareciera que los dichosos memes no se originaron con tal propósito de hacerlo, sino que al parecer surgen como cualquiera de ellos con el propósito de la burla, pero entonces ¿a qué obedece la burla?

Las primeras imagines que vimos en redes sociales en apariencia nacen como contracorriente a publicaciones hechas por “mamás solteras” que presumían de no necesitar a los hombres, (sobre todo en el día de la madre o el día del padre) haciendo gala de su capacidad de salir adelante sin ningún apoyo, un argumento que más allá del orgullo propio, reflejaba un discurso de odio hacia los hombres irresponsables y aunque esa calidad de avanzar ante la adversidad debe ser digna de exaltarse en hombres y mujeres por igual, ese discurso se vio contradicho “por personas cercanas” a ellas, quienes pretendían desmentir tal situación con imágenes y frases sarcásticas, haciendo hincapié en el apoyo recibido por la abuela, abuelo o ambos quienes no solo se sustituían ante la posible falta de capacidad económica de la “nueva madre” sino que se sustituían en el cuidado, ante el abandono temporal o definitivo del menor por parte del progenitor.

En principio habría que aclarar que podríamos realizar la misma reflexión por igual sobre madres o padres, es decir, sobre cualquiera que tenga a su cuidado a un menor, sobre todo si partimos de la idea que conforme al Código Civil Federal en su artículo 164 y su correlativo 100 del Código Civil para el Estado de Veracruz: “los cónyuges contribuirán económicamente al sostenimiento del hogar, a su alimentación y a la de sus hijos, así como a la educación de estos en los términos que la ley establece, sin perjuicio de distribuirse la carga en la forma y proporción que acuerden para este efecto, según sus posibilidades.” Precepto legal que nos permite recordar que las obligaciones derivadas de la filiación son compartidas. Sin embargo lo cierto es, que al menos en las redes sociales esta denominación se ha otorgado a personas que reúnen ciertas características a saber:

La primera de ellas que en su mayoría se trata de mujeres, quizás porque (al menos hasta hace unos años) tradicionalmente es la mujer quien obtenía la custodia cuando las parejas se separaban, o bien porque el hombre (pues hay que decirlo con todas sus letras) no asumió su responsabilidad al ver embarazada a su pareja.

La segunda característica es que se trata de mujeres (y en muy pocos casos hombres) entre los 14 y 30 años de edad, lo cual es bastante común si tomamos en consideración que según informa el Instituto Nacional de Estadística y Geografía al año 2014 el 18.2% del total de natalidades en el país se debía a madres adolescentes (menos de 20 años). (Recuperado de www.inegi.org.mx)

La tercera nota característica es que se trata de personas en estado de “soltería” sea que se trata de padres o madres solteras, viudas o divorciadas, esta circunstancia está en íntima relación con el aspecto anterior, ya que en la mayoría de los casos de embarazos en la adolescencia, como señalamos el padre no suele hacerse responsable (mucho menos contraer matrimonio) y con respecto a quienes escapan al rango (de menos de 20 años) suelen obedecer a separaciones, ya que según el Instituto antes referido tan solo en el año 2015 se registraron 123,883 divorcios, correspondiendo del total 6,529 a un rango de 20 a 24 años y de 15,870 en un rango de 25 a 29 años (Recuperado de www.inegi.org.mx) y eso sin tomar en consideración las separaciones en las relaciones de hecho, como lo es el concubinato o cualquier otra similar.

La Cuarta y quizás más criticada característica es que gustan de las bebidas alcohólicas y/o de las fiestas, lo cual no sería ningún problema si no es por el hecho de que al tener un hijo o más a su cuidado, de manera recurrente por esas u otras razones lo desatienden o dejan “encargado” a otra persona, sea con algún familiar o conocido, o en el peor de los casos le dejan “solo”.

Una vez precisados los elementos que la “cibercomunidad” condena, podemos realizar un análisis del fenómeno social. Si, pues aun cuando en tono de broma se “suban” imágenes en las redes sociales, lo cierto es que esas situaciones son preocupantes, porque muestran no solo una degradación en los “valores” de la sociedad al realizar una crítica que se traduce en indiscriminación indirecta, sino que muestra además una degradación en los valores familiares maternales o paternales que en algunos casos han desembocado en tragedias que podrían evitarse, y que en algunos casos han terminado en ocasiones incluso con la muerte del menor y las consecuentes penas. (Pues en últimas fechas hemos visto en medios de comunicación notas sobre negligencias en el cuidado de menores que les han costado la vida)

A pesar de ello la razón por la que desde entonces no había expresado ningún comentario se debía a que en respeto de uno de los derechos más importantes como lo es el de la libertad, consideramos que todo ser humano tiene la divina posibilidad de hacer de su vida lo que guste y porque al final, el “meme” solo es eso, una burla de algo que puede o no ocurrir. Sin embargo hace poco leíamos un artículo donde se realizaba una condena a la etiqueta y la justificación de determinadas conductas. (Que nos pareció que se caía en el extremo). Claro que las etiquetas son negativas y deben evitarse, pero a mi parecer dicha condena iba más allá de un punto de vista feminista. De esta suerte no solo llamo nuestra atención la defensa de lo que incluso legalmente podría no ser adecuado, sino la facilidad con la que en aras de un discurso de “genero” podemos incluso llegar a justificar algunos comportamientos olvidando el contexto legal.

El argumento que se vierte en dicho artículo intitulado “mamas luchonas, el estigma de las madres solteras, consultable en el sitio (http://antesdeeva.com/mamas-luchonas-estigma-social-las-madres-solteras/) básicamente se reduce a la libertad del individuo sea hombre o mujer. Y debo confesar hasta cierto punto tiene razón, el problema es que como dijera el título de un filme mexicano: “que culpa tiene el niño,” dicho en términos jurídicos, el problema es que el autor de dicha defensa olvida realizar una ponderación de lo que refiere y a lo que la doctrina y la jurisprudencia han denominado el libre desarrollo de la personalidad con el del interés superior del menor.

Comencemos pues esta pequeña reflexión: Debemos precisar que el contenido del artículo que aquí se critica parte de una manera genérica y obviamente sin conocimiento de causa, por una parte de la conceptualización de la libertad (un concepto de la filosofía jurídica sumamente complejo) y de un principio de dignidad humana que atribuye a la mujer, o al hombre y que los dota de esa libertad.

Desde hace mucho tiempo se nos ha enseñado que “para garantizar la integridad de la persona humana ha sido indispensable que el estado reconozca al individuo una serie de derechos, que hemos llamado subjetivos públicos y cuyo contenido no es otro que la misma libertad. Esto quiere decir que los derechos subjetivos públicos son barreras que protegen al individuo frente al estado, y dentro de las cuales existe un campo vedado al mismo estado en el que el individuo puede desarrollar sus actividades libremente” (Moto E. 1975 p. 83) sin embargo Ronald Dworkin señala en su obra “Vivir como iguales, apología de lo social” un concepto más restrictivo de la libertad, del que considera que la libertad se encuentra limitada en la medida que otro ente jurídico requiere de la exigencia de otra libertad; quizás, este pensamiento lo reproduce de la filosofía de John Rawls quien por otro lado señala que: “cada persona que participa en una práctica o que se ve afectada por ella tiene un igual derecho a la más amplia libertad compatible con una similar libertad para todos

(Recuperado de https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/1069286.pdf)

Lo que antecede significa que aun cuando un individuo pueda gozar de libertad esta en ninguna forma es absoluta pues su conducta debe ceñirse (con independencia de lo moral y éticamente bueno) a las normas legales, pues al coexistir dentro de la sociedad sin duda debe respetar el contrato social al que se refería Roseau.

Dicho lo anterior los primeros párrafos que dedica el articulista redundan en la condena de la generalización del estigma a la mama soltera, lo cual es malinterpretado, ya que como señalamos el escarnio social (justificado o injustificado) se orienta a la madre que se desobliga” y coloca a los hijos en posición de abandono (económico o afectivo) y no simplemente a cualquiera que sea madre, pues ello no es motivo de la crítica social. En tales circunstancias no se pone en tela de juicio su libertad de haber elegido ser mama tutelado por el artículo 4to. Constitucional (pues la controversia de la despenalización del aborto es un aun un tema inacabado, por lo que suponiendo que no tuvo otra opción que tener el producto) la crítica se realiza al hecho de privilegiar su diversión sobre la salud, bienestar y seguridad del menor a su cuidado. Lo que nos lleva al segundo argumento medular en el que centran la defensa de esas conductas: la dignidad.

La dignidad en el diccionario de la Academia de la Lengua Española posee demasiadas acepciones y ninguna que satisfaga el aspecto jurídico, Empero se puede entender como “el derecho que tiene cada ser humano, de ser respetado y valorado como ser individual y social, con sus características y condiciones particulares, por el solo hecho de ser persona” (recuperado de http://deconceptos.com/ciencias-juridicas/dignidad-humana#ixzz4lXrhXJtj).

Esta dignidad que se invoca, en tratándose del discurso “de género” parte de la exigencia de la igualdad, en la cual desde luego coincidimos totalmente, sin embargo la exigencia en este caso pareciera ir mas allá de la igualdad, y partir de la necesidad de una calidad de vida, a partir de una especie desarrollo personal a través de la expresión y el esparcimiento que pudiera no contenerse propiamente en la libertad como tal y a la cual sin duda tienen derecho los individuos hombres o mujeres por igual, así lo determino en noviembre del 2016, la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación en la tesis visible bajo el rubro: DERECHO AL LIBRE DESARROLLO DE LA PERSONALIDAD. BRINDA PROTECCIÓN A UN ÁREA RESIDUAL DE LIBERTAD QUE NO SE ENCUENTRA CUBIERTA POR LAS OTRAS LIBERTADES PÚBLICAS. Y cuyo texto señala que “La Constitución mexicana otorga una amplia protección a la autonomía de las personas, al garantizar el goce de ciertos bienes que son indispensables para la elección y materialización de los planes de vida que los individuos se proponen. Así, en términos generales, puede decirse que los derechos fundamentales tienen la función de “atrincherar” esos bienes contra medidas estatales o actuaciones de terceras personas que puedan afectar la autonomía personal. De esta manera, los derechos incluidos en ese “coto vedado” están vinculados con la satisfacción de esos bienes básicos que son necesarios para la satisfacción de cualquier plan de vida”. Sin embargo si leemos con detenimiento esa contradicción de tesis, podremos observar que la propia corte señala una excepción al establecer en su texto: “En este orden de ideas, el bien más genérico que se requiere para garantizar la autonomía de las personas es precisamente la libertad de realizar cualquier conducta que no perjudique a terceros.”

Nada podría ser más acertado que lo relatado por la Corte, ya que a pesar de que Nuestro máximo tribunal en ese análisis no tiene y por tanto no evalúa la variable de otro derecho en juego (como pudiera serlo el de un menor) a pesar de no establecer en consecuencia un grado de valoración de los mismos si en cambio establece la limitante de esas libertades. Es decir cualquier persona tiene derecho al libre desarrollo pero este no puede estar por encima de otro derecho de inclusive mayor jerarquía como lo es el de salud y seguridad de un menor. No olvidemos que nuestro país signo en 1989 la Convención sobre derechos del niño (el cual enfatiza que los niños tienen los mismos derechos que los adultos sin perder de vista que al no poder defenderse física o legalmente por si solos requieren de protecciones especiales)

En el mismo sentido el texto de nuestra Carta Magna que fuera reformado el 12 de octubre de 2011 prescribe desde entonces en su cardinal 4to. que: “En todas las decisiones y actuaciones del Estado se velará y cumplirá con el principio del interés superior de la niñez, garantizando de manera plena sus derechos. Los niños y las niñas tienen derecho a la satisfacción de sus necesidades de alimentación, salud, educación y sano esparcimiento para su desarrollo integral. Este principio deberá guiar el diseño, ejecución, seguimiento y evaluación de las políticas públicas dirigidas a la niñez”

De igual forma debemos recordar que en las leyes secundarias más allá de lo que dispone el código civil, existen disposiciones de suma trascendencia como lo es la Ley General de los derechos de niñas, niños y adolescentes. En ella se establecen un sinnúmero de facultades a su favor de las que destacan las contenidas en su artículo 6, como lo es “el derecho a la vida, a la supervivencia y al desarrollo, y la corresponsabilidad de los miembros de la familia”

En este orden de ideas la dignidad de la “madre” o “padre” entendido como el vivir bien y vivir plenos tendrían que quedar subsumidos ante el interés superior del menor o de la niñez, debiendo cualquiera quien tenga a su cargo a uno, velar en todo momento por la satisfacción de sus necesidades que van desde las alimenticias, económicas e incluso afectivas, ya que de no hacerlo así, e incumplir las disposiciones legales correspondientes más que el reproche de la sociedad se haría acreedor a las sanciones o incluso penas establecidas en la legislación penal cuando se actualice un tipo, como el que se contiene en el Artículo 156 del Código Penal para el Estado de Veracruz que establece que: “A quien abandone a una persona incapaz de valerse por sí misma, exponiéndola a un peligro en su integridad física, siempre que tenga la obligación de cuidarla, se le impondrán de uno a tres años de prisión y multa hasta de cincuenta días de salario.”

Siguiendo el orden de ideas la denominación de “mama luchona” que imponen en las redes sociales a “mujeres no determinadas” no reprocha mediante la burla la falta de abnegación, sino que sin saber, la sociedad critica el cumplimiento de lo que en su ignorancia del derecho entiende como el incumplimiento de un deber moral de las progenitoras hacia los niños, desconociendo quizás la multiplicidad de obligaciones legales que tienen tanto la madre, como el padre. Así las redes sociales realizan un reproche no jurisdiccional y anónimo que invita a la procuración del menor.

Sin dudas las etiquetas son algo negativo, y como decíamos una forma de discriminación si es que atendemos a la significación gramatical de dicho vocablo, no obstante se considera que la sociedad en su falta de conocimiento de los mecanismos legales por los que puede exigir a los padres el cumplimiento de sus obligaciones, no encontró otra forma que la burla y la ridiculización de una figura generalizada pero inespecífica, en la búsqueda de llamar la atención de estas personas quienes olvidan que por encima de su dignidad (entendida como la posibilidad de disfrutar plenamente de su vida) están otros valores. Así, la interpretación que realizamos de ese meme no constituye un reproche a la madre que debe ir a trabajar y contrata una niñera, ni aquella que en todo momento cumple con la educación del menor y eventualmente busca un momento de diversión, sino a quien de manera constante coloca en abandono a un infante. Esto es así, porque quienes no se dedican al estudio del derecho o estudiándolo pasan por alto que siempre que se encuentre en choque dos facultades o libertades, es necesario hacer lo que en la filosofía del derecho llaman clasificación de los valores jurídicos y los cuales se categorizan en razón de su peso, teniendo en consideración en la punta a los valores jurídicos fundamentales después a los consecutivos y finalmente en un plano relativamente inferior los instrumentales, de los cuales se nos dice que “tienen el rango de fundamentales las justicia, la seguridad jurídica y el bien común… y con el término valores jurídicos consecutivos queremos referirnos a los que son consecuencia inmediata de la armónica realización de los fundamentales ” (García, E. 2000 p. 439).

A manera de conclusión podemos sostener que claro que consideramos que hombres y mujeres tienen derechos por igual a divertirse y al “sano esparcimiento” o incluso al que no se considere “sano” pues en ese entender de la libertad, el individuo puede realizar todo aquello cuanto no le esté prohibido, y de igual manera las obligaciones deben correr por igual a cargo de ambos, pues una de las primeras precisiones que realizamos fue que el cuidado y manutención de los hijos corresponde a ambos progenitores, incluso a falta de estos, los abuelos, como se desprende de la tesis visible bajo el rubro: “OBLIGACIÓN SUBSIDIARIA ALIMENTICIA A CARGO DE LOS ASCENDIENTES EN SEGUNDO GRADO (ABUELOS). SE ACTUALIZA EN LAS LÍNEAS PATERNA Y MATERNA, SÓLO ANTE LA FALTA O IMPOSIBILIDAD DE AMBOS PROGENITORES.” sin embargo si quien tiene a su cargo al menor en la (en su mala suerte) no cuenta con el otro progenitor porque “paso a otra vida (espiritual civil o social)” como lo indica el segundo párrafo del ordinal 100 del Código Civil de nuestra Entidad Federativa: “…no está obligado el que se encuentre imposibilitado para trabajar y careciere de bienes propios, en cuyo caso el otro atenderá íntegramente a esos gastos.” Ello impondría al que tiene a su cuidado al menor el deber de velar por sus hijos en todo momento.

Consideramos que dicha exigencia no constituye una postura discriminatoria (siempre y cuando se exija a madre y padre por igual) pues no se trata de exigir abnegación desde un punto de vista Chovinista sino solo del cumplimiento del deber de cuidado que les corresponde pero además que es exigido por las leyes a ambos, recordando que existe un principio general de derecho que reza “la ignorancia de la ley no exime de su cumplimiento.” Quizás uno de los problemas radica en que es una realidad que los derechos no tienen la suficiente difusión, y por ende las obligaciones mucho menos, por lo que debemos trabajar en su difusión ya que aun cuando la sociedad no lo exija, seguramente la ley lo hará.

Referencias

Código Civil Federal

Código Civil para el estado libre y soberano de Veracruz

Convención sobre derechos del niño

García Máynez, Eduardo, (2000) filosofía del derecho, México.

John Rawls, en la justica como equidad, recuperado de https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/1069286.pdf

Ley General de los derechos de niñas niños y adolescentes

Semanario Judicial de la Federación, recuperado de https://sjf.scjn.gob.mx/sjfsist

Civeira, Miguel, (2017) En Antes de Eva Recuperado de http://antesdeeva.com/mamas-luchonas-estigma-social-las-madres-solteras/

Moto Salazar, Efraín, (1975) Elementos de Derecho, México.

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Author: Nathanael Baumbach

Last Updated: 11/20/2022

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